Estroncio 90

En este mío verano
y digo mío -pero... lo es de todos-
por ser el de mi pena
más desgarrada y cierta.
Este
en que para la noche puse,
debajo de la tierra,
la semilla de muerte
de lo que fue mi vida.

En este mío verano,
no estación con el canto de los pájaros
ni mariposas de oro entre las rosas,
sino estación de latigueantes soles
y de plomo fundido en las espaldas
yo me doblego, "triste hasta la muerte",
sobre el dolor inmenso de la tierra.

La toco con mis manos
y no es la maternal que nos acuna!
Ella sufre
en su entraña golpeada.
La vieja madre me traspasa
toda en mi leve caricia.

Este nuevo verano en que vivimos
con los antiguos nombres en sus meses
desde junio a diciembre.
Los mismos nombres, pero son distintos!
Fantasmas de lejanas estaciones...
Gris el azul y cárdenas las nubes...
Lloviznas lentas
surcando el aire en llamas
de estos extraños días.
Pero en las noches
ciego tactea el viento nuestros cuerpos,
con sus manos
de polares difuntos.

Todo es distinto en nuestro dulce país,
porque del cielo baja
la muerte de ceniza!

El tiempo atómico
en cada amanecer de mi jardín
deja una fina pátina de polvo
sobre los altos árboles...
Algo retuerce las pequeñas hojas
de las plantas humildes
y caen,
lacias y muertas
en la tierra sedienta.

Y más allá en los campos
el cacao se seca por las copas...
Y más allá en los campos
tras un temblor irremediable mueren
centenares de bestias.
¿Acaso no escuchaste el lastimero
relincho del caballo moribundo?
¿Acaso tú no oíste
el mugir de la vaca en su agonía?...
El campesino tiene
su corazón cribado de estos gritos.
Y mira el cielo y dice:
De allá.... de allá... baja esta maldición!

Blanquea también el pasto la ceniza
y hay un rocío letal sobre las hojas.
Las hojas que han de ser láctico jugo
en las ubres repletas...
Leche - veneno,
Veneno - leche,
nutriendo nuestros niños...
Tornando en lirios pálidos las mejillas de rosa...
Estroncio 90 matando los rojos glóbulos de su sangre!
Estroncio 90 royendo la delicada arquitectura de sus huesos!
Porque ya no es limpio nuestro cielo.
Porque ya como todas las tierras del mundo
la nuestra ha recibido su ración asesina!

Niños de ojos oscuros miran el rostro mío
Mujeres con sus hijos apretados junto al pecho pasan
sin sospechar mi angustia...
Hiere mi corazón el grito de una madre
recordando a Hiroshima...
Mi corazón está mirando los pescadores de Bikyni...
Mi corazón... Mi corazón otea el futuro:
Hongos de fuego infernal meciéndose en el éter.
Rayos de muerte en el aire,
bajo el mar,
bajo la tierra.
Y la pálida lluvia de cenizas
cayendo sobre e[ mundo!
Mi corazón... mi corazón transido
en la agonía de millones de madres!