El hombre que pasa

Es como un joven dios de la selva fragrante
este hombre hermoso y rudo que va por el sendero;
en su carne morena se adivina pujante
de fuerza y de alegría un mágico venero.

Por entre los andrajos su recio pecho miro:
tiene labios hambrientos y brazos musculosos
y mientras extasiada su bello cuerpo admiro
todo el campo se llena de trinos armoniosos.

Yo, tan pálida y débil, sobre el musgo tendida,
he sentido al mirarlo una eclosión de vida
y mi anémica sangre perece que va a ahogarme...

Formaríamos el tronco de inextinguible casa
si a mi raza caduca se juntara su raza,
pero el hombre se aleja sin siguiera mirarme!