Juicios Críticos

Aurora Estrada nace en Puebloviejo, Provincia de los Ríos, el 17 de noviembre de 1902. Es decir, por la fecha de su nacimiento, está ligada al movimiento modernista que en nuestro medio, como nos ha ocurrido siempre, llegó tardíamente.

Sin embargo, Aurora Estrada, es más bien una escritora que rompe con la tradición modernista y se inscribe en una literatura fundacional que la vincula a los Carrera Andrade, Gangotena, Escudero, Miguel Ángel Zambrano, Miguel Ángel León, Hugo Alemán, Augusto Arias, AbeI Romeo Castillo y Hugo Mayo, éste último, el más audaz e innovador de los poetas ecuatorianos, cuya obra poética parva, a pesar de sus 90 años vividos, lo ponen en un sitial destacado dentro de las literaturas de vanguardia del continente. A esta pléyade de poetas se vinculó Aurora Estrada. Y lo hizo desde un discurso lírico, con indudables resabios modernistas, no podía ser de otra manera pero que lecturas, amistades y sensibilidad la llevaron a escribir una poesía rebelde, de preocupaciones sociales, amatoria, con mucha carga erótica e intimista y familiar, que demuestran que en ella todos los temas fueron posibles.

Aurora Estrada es un caso especial de nuestra literatura. Pues si bien es cierto que la revolución liberal había logrado transformar la conciencia social y crear nuevos escenarios políticos y culturales, fueron en esas nuevas realidades donde recibe su bautizo literario y humanista.

La verdad sea dicha, ella está más cerca de los grupos literarios y bohemios compuestos por poetas y jóvenes universitarios guayaquileños. Cronológicamente es parte de la generación Gallegos Lara, Pareja Diezcanseco, Aguilera Malta, Gil Gilbert, de Ia Cuadra, pero la amistad con ellos no es íntima, ni se vincula al trabajo agitacional que muchos de los escritores arriba citados realizaban. Aurora aspira ese mundo espiritual que había logrado "torcerle el cuello al cisne de engañoso plumaje". Percibe la injusticia social, la denuncia en sus intervenciones públicas, en alguno de sus poemas revolucionarios, pero hasta donde conocemos no fue integrante de los partidos socialistas o comunistas ni se formó en las vanguardias obreras de la década de los treinta o cuarenta, como fue por ejemplo el trabajo de un Gallegos Lara, Nela Martínez, Ricardo Paredes o Pedro Saad.

Su generación está marcada por la sensibilidad social, por la heterodoxia literaria, por ser diferentes, y eso sólo era posible en tanto se asumiera una actitud ante la vida. Aurora y sus contemporáneos no sólo que así lo hicieron, con honradez, sino que elaboraron una literatura encarnada en el tiempo histórico que les tocó vivir.

El haber estado ligada a las más importantes revistas literarias de la época, aunque efímeras en su permanencia, significó un atalayar de las novísimas corrientes literarias que en América y Europa viajaban raudamente.

Los Hermes, Síngulus, Proteo, revistas todas ellas que promovieron un espíritu inconforme en Hugo Mayo, Rubén Irigoyen, Aurora Estrada, Falconí Villagómez, Djenana, Enrique Segovia, Miguel Ángel Barona, Sergio Núñez. Leopoldo Benites, Gustavo y Solón Ramírez Pérez, José Joaquín Pino de Icaza, son la sustancia viva, de un grupo de jóvenes, con muchos proyectos literarios en sus cabezas, que se carteaban con escritores audaces e innovadores de otras latitudes y permitió que esa actitud planetaria se posara en muchos de estos jóvenes y tanto en la obra literaria como en la vida misma, buscaron nuevas geografías.

Carrera Andrade y Gangotena, son la expresión más acabada de esta universalidad que no conoció de límites. Hugo Mayo, que hasta donde conocemos no salió del país, sin embargo se vinculó epistolarmente con lo más selecto de la vanguardia hispanoamericana y europea de su tiempo. Y llegó a publicar una revista literaria, Motocicleta, hoy convertida en un mito literario más de nuestra literatura.

La sed de horizontes en unos fue una norma, en otros, un bloqueo mental. Aurora Estrada pertenece al primer grupo; sus viajes por América y Europa conmovieron su ya sensible e inquieta humanidad. El estar in situ, le permitió ver pueblos y culturas que enriquecieron su mundo personal.

Las luchas sociales de los años 30 y 40, en Ecuador y el mundo, no olvidemos que eran los tiempos del ascenso del nazi fascismo en Europa, de la consolidación de la democracia obrera en la Unión Soviética, daban más ímpetu a una mujer que vivía los momentos de mayor madurez intelectual y humana.

Su matrimonio con Gustavo Ramírez Pérez, joven e inquieto intelectual y compañero de faenas literarias, le permitió consolidar más esa visión.

La aparición en 1925 de su primer libro Como el Incienso, publicado por la Imprenta Municipal, permitió que sus contemporáneos conocieran quee en esa recia mujer de espíritu y carácter, vibraba la poetisa de vuelos metafóricos y lingüísticos; de largo aliento. Para esa década del 20 al 30, Aurora ya era conocida por unos poemas que habían logrado agitar el ambiente literario de entonces. Pensamos en El hombre que pasa, poema sensual y erótico, que ha sido considerado uno de los más importantes textos líricos que en esta línea se hayan escrito en América, en un tiempo donde las mentes pacatas tanto nativas como de afuera habían dado gritos criticando de blasfema e impura a su autora. Este poema ha sido recogido en antologías de la poesía erótica a nivel mundial.

Poema de la casa en ruinas, es también un texto que hacía avizorar nuevos y mejores tiempos para nuestra lírica. Aurora y Mary Corylé, cuencana, con su poema Bésame, escrito en la misma época que los de ésta son las voces más audaces e iconoclastas de las primeras décadas de nuestro siglo.

En 1943 publica Tinieblas, poemas "jeremíacos vertidos por su madre muerta", en el decir de Ileana Espinel.

Su obra literaria es breve, su magisterio, el de la cátedra universitaria, en cambio, fue intenso. EI poeta y crítico literario Rodrigo Pesántez Rodas nos ha dejado algunos párrafos transidos de admiración por quien hizo de la cátedra un espacio lleno de sabiduría y de solidaridad. Su hija Isabel Ramírez Estrada, ha hecho las mejores aportaciones al descubrimiento de ese mundo literario que Aurora Estrada forjó.

Sería interesante rastrear algunos textos inéditos y libros que no llegó a publicar, y que son mencionados por Isabel Ramírez Estrada, Ileana Espinel y Rodrigo Pesántez Rodas. Publicar toda su obra en un solo volumen constituiría un homenaje permanente a su memoria. Aquí están algunos de sus títulos: Nuestro Canto, Cometas al viento, Hora Cero, Fatum, todos ellos de poesía; En el puente, novela; Veinte gobelinos de Gabriela Mistral y Retratos de Mujeres, ensayos.

Críticos tan exigentes como Augusto Arias, Alejandro Carrión, Galo René Pérez, comentaron la obra de esta escritora en los términos más encomiásticos. Pero sería Benjamín Carrión, quien con estas palabras definiría la actitud de la escritora: "Hay en la poesía de Aurora Estrada una honda preocupación por las fuerzas esenciales del hombre y de la especie. Y al mismo tiempo, una ternura cálida y fecunda que le ha dado la mano y le ha enseñado los caminos de la Revolución, a la que ha ido primeramente sentimental, femenina, materna, para luego enardecer el tono del campo proletario y darle médula de lucha y sonar de batalla". Y para Hernán Rodríguez Castelo, uno de nuestros críticos más lúcidos y severos dice de ella: "Sin duda, una de las mayores poetisas del postmodernismo americano".

Su fallecimiento ocurrido en Guayaquil, el 12 de marzo de 1967, privó a la literatura de nuestro país y al movimiento de mujeres de una ciudadana que supo enarbolar las banderas de la solidaridad, de la decencia y del amor por los demás. Destacar que ella fue parte de un hogar donde su esposo fue un connotado miembro del foro guayaquileño, y tres de sus hijos, Isabel, poeta y crítica literaria de grandes resonancias; Edgar, el poeta inmenso, que bien puede considerarse un discípulo de Nicanor Parra, sus libros y su vida sencilla lo pusieron en un sitial destacado de nuestra literatura. Alsino, el cuentista y novelista de las grandes rupturas, de los aportes formales, son el legado de un núcleo familiar a la cultura de nuestro país.

Al cumplirse el centenario del natalicio de esta ilustre intelectual, la sección de Literatura de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas ha querido publicar este homenaje recogiendo algunos estudios, la mayoría de ellos perdidos en publicaciones raras, que es casi como decir inéditos. Esta Institución, presidida por el artista Jorge Swett, así como su sección Literatura irán publicando estos Homenajes a aquellos escritores ecuatorianos, cuya obra les abrió las puertas de la inmortalidad. Comenzamos con Jorge Carera Andrade, hoy continuamos con Aurora Estrada y Ayala, luego seguiremos con José de la Cuadra y otros.

Quiero expresar mi gratitud, insisto, a Jorge Swett, a la Corporación Bustos en la persona de su presidente Ing. Patricio Bustos, a las Librerías Científica y Eugenio Espejo, porque me brindaron todas las facilidades materiales para concretar esta publicación.

Algunas Imágenes

Fotografia junto a Eleanor Rooslvelt.

Fotografía tomada en 1959.

Publicación de Diario El Universo.