Canto a Guayaquil

¡Yo te debía un laurel,
Patria azul de la Estrella, Guayaquil!
La del nombre con música aborigen
de flautas ribereñas.
Yo te debía un laurel,
colmenar de trabajo i de esperanza.
La de los huancavilcas indomables
surgiendo de milenios de leyenda
en el solar arcano del origen.

Yo te debía un laurel:
el que arrastrase voces de clarines
i epopéyicos ecos.
Debí dejarlo sobre tu ara un día,
cuando era primavera ,en el camino
i las manos tocaban a los astros.
Debió tener ese laurel prestancia
de gajo de la gloria.
Debió de ser la mágica varita
evocadora de tus gestas bellas.

Debió ser mi laurel sonoro bronce
llamando hombres i tierra de otros días:
la conjunción hispano-huancavilca
i la áspera figura de Orellana
sobre la suave cumbre del Santa Ana,
mirando como crece día a día,
entre un brazo de mar i la ancha ría
esta ciudad que canta i que trabaja,
igual que inmenso corazón abierto
para que abreven todos...

Debieron las estrofas ser camino
para el ilustre tránsito
de los que fueron próceres i héroes:
Olmedo el que tomara de tu cielo
el pabellón de Octubre albi-celeste
i un laurel i una estrella siempre invictos
como símbolo eterno, Guayaquil.
I Villarnil i Roca i Urdaneta,
la teoría de tu gesto libertario
i otros i otros, saliéndose del tiempo,
espíritus cimeros
hasta esa cumbre inmensa, Rocafuerte,
en su mano llevando
la rosa del futuro.

Ese laurel de lo que es mío: el canto,
hoy te lo entrego, afirmativo i alto.
No ya la rama tierna,
sino crecida selva
donde los himnos se alzan,
¡Patria azul de la estrella, Guayaquil!
Cada hoja de laurel que yo te ofrendo
quiere evocar en su esmeralda viva
tus fechas inmortales:
Enciende nuevamente el sol de Octubre,
el de marzo rebelde
aquel que en junio fue bandera roja
que tremolara Alfaro,
el de Noviembre trágico,
i ese que en Mayo ensangrentó tus calles.

¡Oh, Guayaquil, entraña de la Patria!
¡Oh, Guayaquil, emporio de riqueza!
¡Oh, Guayaquil, la siempre combativa!
Sabe que mi laurel eres tú misma
caminando en mi aliento,
con su total destino.
Hoy canto para el héroe innumerable,
ése que tras el fuego i la ceniza
ha hecho surgir tu bella arquitectura
i tu perfil moderno.
Canto para los que vencieron el pantano
con sus callosas manos.
Para los que de sol a sol trabajan
asfaltando tus vías.
I pala los que en típicos pregones
hacen el ofertorio de tus frutos.

Para el hombre del pueblo i de la fábrica.
Para las madres que en los brazos llevan
a sus hijos enfermos
i que los ven morirse sin remedio
ante los silenciosos hospitales.
Para los niños con sus pies descalzos
deambulando las calles.
¡Para los que tienen hambre de justicia
junto al hambre de pan!

Para los estudiantes cuyo grito
fue acallado con plomo.
Para los que soñaron redenciones
i hallaron una cruz,
también es mi laurel.
Esta ofrenda de amor
es el son de cautivos manantiales
surgiendo desde adentro.
¡Alta esperanza erguida
como un mástil de fe en tu destino:
de rebeldías sin mancha,
de madre de las génesis de luz,
por una nueva gesta:
la del pueblo buscando su camino,
con los ojos en alto
bajo su eterna estrella!